Publicado el 27-04-2006 / Edición Nº 2

 


Horacio Quiroga y la manifestación de los límites
por Arce, Graciela Liliana
Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Arce, Graciela Liliana (27-04-2006). Horacio Quiroga y la manifestación de los límites.
HologramŠtica Literaria - Facultad de Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Número 2
ISSN 1668-5024
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RESUMEN:

El propósito de este ensayo es analizar cómo las diferentes formas de los límites son manifestadas en la primera parte del libro El salvaje de Horacio Quiroga y de qué manera la soledad atraviesa no sólo los relatos sino la vida del autor.

PALABRAS CLAVE: Quiroga- trabajo- l√≠mites- soledad- Ezequiel Mart√≠nez Estrada
ABSTRACT:

The purpose of this essay is analyze how the different ways of limits are shown in the first part of the book El salvaje by Horacio Quiroga and in what extent the loneliness goes through not only the stories also the author’s life.

KEYWORDS: Quiroga- work- limits- loneliness- Ezequiel Mart√≠nez Estrada

Horacio Quiroga y la manifestación de los límites

 

 

 

 

Graciela Liliana Arce

Facultad de Ciencias Sociales

UNLZ

 

  

Introducción

 

 

                                                   Ando escaso de papel, de dinero, de esperanzas y qué sé yo.
                                                        Horacio Quiroga en Cartas de Quiroga a Martínez Estrada.

 

 

Acaso la d√©cada de 1920 constituya una de las m√°s significativas etapas de nuestra historia literaria. √Čpoca de grandes cambios, √©poca de decisiones y, por qu√© no, de comienzos est√©ticos. Las vanguardias europeas, que ya se ven√≠an perfilando en Buenos Aires, hacen eco en la juventud intelectual conformando n√ļcleos divergentes y, en algunos casos, extremadamente contradictorios.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Es la √©poca de las revistas de vanguardia, n√ļcleos de publicaci√≥n literaria con caracter√≠sticas ideol√≥gicas y est√©ticas definidas. En un contexto donde la revista Mart√≠n Fierro ocupa un lugar dominante, Ricardo G√ľiraldes y Macedonio Fern√°ndez obran de figuras tutelares y donde la oposici√≥n lucro-arte se erige en pivote ideol√≥gico, un escritor de las caracter√≠sticas de Horacio Quiroga parece no tener lugar. Pero si bien le toca en suerte ser expulsado junto con Benito Lynch de la vanguardia martinfierrista, la d√©cada del veinte es, en parte, la d√©cada de Quiroga en la literatura argentina.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Seg√ļn Beatriz Sarlo, no es una disputa sobre los principios est√©ticos la que a√≠sla a Quiroga de la revista. El silencio hostil tiene m√°s bien que ver con el tema reiterado de ‚Äúlos que hacen dinero con el arte‚ÄĚ, f√≥rmula en la que se condensan no s√≥lo todos los enemigos con que el mercado amenaza a la vanguardia, sino tambi√©n todos los fantasmas que la ampliaci√≥n del p√ļblico hab√≠a ya agitado frente a los escritores novecentistas, obligados, por primera vez en la historia literaria argentina, a competir en un espacio p√ļblico seg√ļn leyes que no hab√≠an definido ellos mismos y con hombres que, llegados de otras clases y de otros pa√≠ses, parec√≠an dispuestos a reclamar un lugar en el campo intelectual y en la sociedad en su conjunto.¬†

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Quiroga era uno de los que proven√≠an de otro pa√≠s y otra clase pero no ocupaba su tiempo reclamando un lugar ni en el campo intelectual ni en la sociedad. ‚ÄúNi escribi√≥ jam√°s una l√≠nea para ganar dinero, ni adecu√≥ un relato al paladar de los directores de publicaciones para que no se lo rechazaran; no mendig√≥ fama ni fortuna (‚Ķ), lo cual no quiere decir, ni cerca, que fuera un escritor iluso, que profesara el arte por el arte o que considerara venal el trabajo intelectual retribuido.‚ÄĚ

 

            En una carta a Ezequiel Martínez Estrada escribe Quiroga:

 

 

‚ÄúValdr√≠a la pena exponer un d√≠a esta peculiaridad m√≠a (desorden) de no escribir sino incitado por la econom√≠a. Desde los 29 √≥ 30 a√Īos soy as√≠. Hay quien lo hace por natural descarga, quien por vanidad; yo escribo por motivos inferiores, bien se ve. Pero lo curioso es que escribiera yo por lo que fuere, mi prosa ser√≠a siempre la misma. Es cuesti√≥n entonces de palanca inicial o conmutador intercalado por all√≠: misterios vitales de la producci√≥n, que nunca se aclarar√°n.‚ÄĚ

 

                       

            De esta manera, se van perfilando las decisiones que sostienen su vida profesional. Pero su vida personal está plagada, también, de elecciones que van forjando un carácter y de escenarios que lo influyen.

           

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Acaso el destino del hombre est√© s√≥lo sustentado por el camino que va eligiendo en cada momento particular de la vida, acaso toda elecci√≥n cotidiana sea el pilar que sostenga una etapa futura. Pero, ¬Ņqu√© ocurre cuando estas elecciones son llevadas a un extremo en donde el retorno parece inaccesible, qu√© ocurre cuando el tiempo y el espacio son condicionantes, qu√© ocurre cuando el objetivo es tan claro que ya no interesan las consecuencias?

 

            El presente trabajo se propone analizar las diferentes maneras en que los límites se manifiestan en la primera parte del libro El salvaje de Horacio Quiroga y en qué medida la soledad atraviesa no sólo los relatos sino la vida misma del autor.

 

 

Vidas solitarias. Vidas intensas. Vidas de acción

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄúHacer, amigo m√≠o. Somos hombres; no hay que olvidarlo‚ÄĚ (1) le escribe Horacio Quiroga a Ezequiel Mart√≠nez Estrada sintetizando, quiz√°s, gran parte de su vida y de su obra. La importancia de la pr√°ctica en s√≠ misma parece sostener muchos de los ejes que luego ser√°n fundamentales en su literatura. ‚ÄúPorque ten√≠a el placer de construir, de hacer, de ensamblar, de ajustar, de dar forma, de crear. Era un artesano y esto puede aplicarse con estricto rigor a la factura de sus cuentos y a su prosa‚ÄĚ (2) y, como buen hombre de trabajo, daba a los detalles una importancia tal que llevaba al extremo no s√≥lo a sus personajes, sino a la situaci√≥n que hab√≠a creado para ellos.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† A trav√©s de la acci√≥n, la vida intensa aflora poniendo de manifiesto un lugar estrat√©gico y, muchas veces, de dif√≠cil acceso en donde vida y obra se combinan. ‚ÄúLas ense√Īanzas experimentales de la vida intensa siempre limitan con el peligro y construyen una ciencia de las conductas pr√°cticas en la literatura de Quiroga‚ÄĚ (3). Y en la extremidad, la sensibilidad se hace presente marcando el punto de acceso al relato.

           

 

‚ÄúFue Quiroga muy sensible a los sentimientos familiares: a los de gens y tribu. En t√©rminos generales debe saberse que, en contraste con su dura, autoritaria manera de ser, Quiroga era de una sensibilidad tierna y generosa, aunque no abierta sin cautela ni por ning√ļn camino accesible al peat√≥n, sumamente impresionable y propenso a las l√°grimas. Su don de simpat√≠a por los seres humanos como miembros de la Creaci√≥n, no ten√≠a l√≠mites pr√°cticamente; y puedo afirmar que los personajes de las novelas y los reales conviv√≠an con casi igual personer√≠a en sus afectos.‚ÄĚ (4)

 

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Y los afectos son llevados a trav√©s de diferentes procedimientos a un extremo tal que constituyen una parte esencial de sus relatos. Los personajes logran ingresar a un mundo singular a partir de la pr√°ctica cotidiana y acompa√Īados de recursos simples que logran extra√Īarse en su propia interacci√≥n.

 

            En el análisis del espacio y del tiempo hallamos que éstos ofician de factores fundamentales para crear una atmósfera en donde la situación límite se manifiesta.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Al respecto, en la descripci√≥n misma del espacio encontramos caracter√≠sticas precisas que nos remiten a un sentimiento de soledad y supervivencia donde el narrador y el autor se intersectan y, en ocasiones, se superponen. Ya en el relato ‚ÄúUna bofetada‚ÄĚ, la tempestad alude tanto al r√≠o como a los desmanes que provoca la ca√Īa en el obraje si √©sta era excesiva. El r√≠o Paran√° no es s√≥lo un imponente escenario a lo largo del cual las acciones se desarrollan, sino que influye en los hechos y en el car√°cter de los personajes, as√≠ como lo hab√≠a hecho en el propio Quiroga. Rodr√≠guez Monegal nos se√Īala del autor que ‚Äúla realidad se le met√≠a por los ojos y tocaba dentro de √©l una materia suya desconocida. Misiones era descubierta pero al mismo tiempo Misiones lo descubr√≠a, lo revelaba.‚ÄĚ

           

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En ‚ÄúEl salvaje‚ÄĚ, la selva y el estado clim√°tico que reina en ella son eco, tambi√©n, de este cruce entre narrador y autor donde la personalidad del sujeto es determinada, en gran parte, por la naturaleza en la cual se halla inmersa, pero donde √©sta implica una elecci√≥n de vida:

 

 

‚ÄúEn esa regi√≥n fui hu√©sped, una tarde y una noche, de un hombre extraordinario que hab√≠a ido a vivir a Guayra, solo como un hongo, porque estaba cansado del comercio de los hombres y de la civilizaci√≥n, que todo se lo daba hecho; por lo que se aburr√≠a.‚ÄĚ (5)

 

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Asimismo, representa para el propio Quiroga, tambi√©n, una elecci√≥n de vida. Ya nos expone Ezequiel Mart√≠nez Estrada: ‚ÄúEscapando de s√≠ mismo y de sus recuerdos terribles, hall√≥ en la naturaleza selv√°tica del norte un b√°lsamo de olvido.‚ÄĚ (6)

           

            Volviendo al cuento, la elección del personaje es doble y está sustentada por el deseo. Por un lado, elige vivir en Misiones -en una zona virgen y fronteriza- como medio de escape de la civilización y, por otro, el anhelo lo lleva a una regresión a la era terciaria. Pero estas dos opciones no son azarosas sino que están condicionadas por el tiempo. La una ocurre de día, la otra de noche.

 

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄúPor mi parte, mi vida de d√≠a prosegu√≠a su curso normal aqu√≠ mismo (‚Ķ)‚ÄĚ (7), nos dice el hombre haciendo referencia a su fase actual, pero no deja de aludir a su per√≠odo de regresi√≥n al comentar: ‚ÄúLa formidable vida creada por el Querer del hombre y el Consentimiento de las edades muertas, no me era accesible sino de noche.‚Ä̬†

           

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En ‚ÄúUna bofetada‚ÄĚ, la situaci√≥n que los mens√ļ padec√≠an es sutilmente denunciada al poner √©nfasis en la relaci√≥n particular entre Korner y el mens√ļ y en la venganza de √©ste en donde el tiempo cumple un papel fundamental. El tiempo es significativo en la medida en que la espera es la que permite la revancha y es llevada al extremo de importar el hecho en s√≠ menos que las consecuencias.

           

Igualmente, en ‚ÄúLa voluntad‚ÄĚ el tiempo cumple su actuaci√≥n desde afuera deslindado de la influencia en el car√°cter de los personajes pero sustentando la espera necesaria para llevar a cabo el objetivo.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Sin embargo, existen otros factores en donde las fronteras son m√°s expl√≠citas. Uno de ellos es la pr√°ctica llevada al extremo del ‚Äėsaber hacer‚Äô. (8)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En ‚ÄúLa reina italiana‚ÄĚ, Kean opta por continuar su proyecto de cosecha de miel implantando una abeja intrusa en el panal de las originarias de la selva misionera (y matando a la reina ind√≠gena), a√ļn a costa del riesgo que esto pod√≠a ocasionarle a su familia. La enfermedad de su hijo lo llev√≥ a que la extra√Īa sociedad que ten√≠a con sus abejas dejara de ser secundaria y que eligiera ¬†preparar provisiones de miel para el invierno, soluci√≥n que √©l consideraba plausible debido a que la criatura la diger√≠a maravillosamente. Y aunque las consecuencias no fueron las esperadas ya que las abejas se llevaron ‚Äúla vida de su caballo y la belleza de su hija.‚ÄĚ (9), a lo largo del relato encontramos un objetivo claro que es seguido detalladamente y que absorben la concentraci√≥n cotidiana del personaje.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Seg√ļn Beatriz Sarlo, Horacio Quiroga posee una raz√≥n que le resulta interesante para relatar experiencias pr√°cticas que conducen al fracaso. ‚ÄúTiene que ver con el peso simb√≥lico del pionerismo t√©cnico de estos aficionados y ‚Äėprimitivos‚Äô en un mundo donde nuevos conocimientos estaban modificando, por lo menos en los sectores medios y populares, la organizaci√≥n tradicional de saberes y destrezas.‚ÄĚ (10)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Apunta Nora Avaro que ‚Äúel error (de Kean) es fatal y comprometedor pero no hace m√°s que confirmar la fuerza productiva del ‚Äėsaber hacer‚Äô, ya que el obst√°culo no tiene otra funci√≥n que la de demostrar la capacidad de vencerlo.‚ÄĚ (11)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Y el proceso importa m√°s que el resultado. ‚ÄúEl objetivo pr√°ctico de la invenci√≥n est√° permanente diferido por los pasos intermedios, que representan triunfos o fracasos parciales (‚Ķ). Los pasos intermedios se convierten en logros por s√≠ mismos y, finalmente, en obst√°culos definitivos porque el inventor aficionado jam√°s alcanza a solucionarlos por completo.‚ÄĚ (12)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Tal es el caso, tambi√©n, del capit√°n ruso Nicol√°s Bibikoff -personaje principal en ‚ÄúLa voluntad‚ÄĚ- quien en pos de consumar su causa decide instalarse en el monte de Misiones, arrastrando consigo a su mujer. Elige un destierro en un lugar de dif√≠cil acceso, con escasos medios de comunicaci√≥n y, siendo enfermo, se dedica a la plantaci√≥n de tabaco con la √ļnica ayuda de aqu√©lla, lo que no augura una salida de esa vida de miseria. Pero lo importante no es la forma de vida sino justificar su elecci√≥n: ‚ÄúLa causa, el √ļnico motivo de la aventura, hab√≠a sido probar a los oficiales de San Petesburgo que un hombre es libre de su alma y de su vida, donde √©l quiere, y donde quiera que est√©. De todos modos, lo hab√≠a demostrado.‚ÄĚ (13)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Ya nos advierte Nora Avaro que ‚Äúuna poderosa voluntad -que es el rasgo m√°s claro del car√°cter del hombre de acci√≥n, y que es siempre efecto de su encuentro con el ambiente- sostiene cada nuevo intento, estructura el uso del tiempo ganado, y traza una moral del deber cumplido.‚ÄĚ (14)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Acaso sea en ‚ÄúEl salvaje‚ÄĚ donde esta poderosa voluntad adquiera su mayor plenitud. Acaso sea all√≠ donde cada nuevo intento no s√≥lo trace una moral del deber cumplido sino que permita, tambi√©n,¬† la conquista de un espacio nuevo.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Y los espacios ganados son claros. No solamente una conquista de lugares f√≠sicos que muestran una evoluci√≥n de eras, sino que el progreso va de la soledad al √°mbito familiar y conlleva la necesidad de superar diferentes obst√°culos. Obst√°culos que deben ser salvados para lograr la supervivencia tanto f√≠sica como espiritual y que arrastran, adem√°s, una tensi√≥n constante donde la soledad juega un papel fundamental. La tranquilidad, la seguridad y la compa√Ī√≠a implican metas a las que el hombre aspira llegar y van decidiendo su destino al descubrirle nuevas maneras de relacionarse.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El sue√Īo alude tanto al descanso -en la primera parte- como a la visi√≥n supuesta (15) que tuvo el hombre -en la segunda- y ambos son lugares conquistados por elecci√≥n propia. ‚ÄúSue√Īo‚ÄĚ y ‚Äúrealidad‚ÄĚ son las partes que definen el relato, pero la conquista es definida en lo que el hombre logra obtener, sin dejar relegado el proceso para lograrlo: ‚ÄúLa casa y el sue√Īo estaban conquistados para siempre.‚ÄĚ (16)

           

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La pr√°ctica ocupa un papel relevante en el sentido de acci√≥n en s√≠ misma y el trabajo es destacado como ocupaci√≥n con significado pr√°ctico m√°s all√° del r√©dito econ√≥mico que pudiera generar. ‚ÄúQuiroga pensaba, como Simone Weil, que la condici√≥n obrera no es una situaci√≥n econ√≥mica s√≥lo, sino un hecho much√≠simo m√°s tramado en la urdimbre de los destinos terribles, fat√≠dicos del vivir social. Sin la conciencia de esos hechos, los hechos no pueden ser modificados‚ÄĚ (17). La denuncia de la situaci√≥n social vivida en lugares casi inaccesibles muestra un desamparo de las clases marginales sin un ataque directo a los responsables de √©sta. Esta conducta se perfila en gran parte de la obra quiroguiana y se manifiesta ¬†en ‚ÄúUna bofetada‚ÄĚ de una manera m√°s acabada.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La importancia del sentido pr√°ctico de las situaciones tambi√©n puede verificarse a lo largo de su obra y el trabajo no deja de estar presente ni siquiera en relatos tan extra√Īos y alejados de la civilizaci√≥n como ‚ÄúEl salvaje‚ÄĚ: ‚ÄúPero como quer√≠a ser √ļtil a los que viv√≠an sentados all√° abajo aprendiendo en los libros, instal√≥ una peque√Īa estaci√≥n meteorol√≥gica (‚Ķ)‚ÄĚ. (18)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La convergencia de tiempo, espacio y acci√≥n son las que definen una situaci√≥n, menos que la profundizaci√≥n psicol√≥gica de los personajes. ‚ÄúLa ‚Äėsensaci√≥n de vida‚Äô es el ‚Äėefecto‚Äô que a Quiroga, en verdad, le interesa‚ÄĚ (19) y los recursos, empleados a favor de √©sta, delinean el camino hacia la autenticidad y la fuerza de sugesti√≥n. La intensidad de la situaci√≥n l√≠mite es¬† llevada a destino a trav√©s de procedimientos de efecto sorprendente, tal es el caso de ‚ÄúLos cazadores de ratas‚ÄĚ, o bien a trav√©s de una puesta al l√≠mite de lo natural como en ‚ÄúUna bofetada‚ÄĚ, donde ya desde el centro del relato puede percibirse la venganza del mens√ļ. De esta manera, el efecto de sorpresa pasa a segundo plano pero la realidad se torna l√≠mite en la narraci√≥n del castigo que recibe Corner. Ah√≠ se produce la conjunci√≥n entre la naturalidad del destino y la intensidad de la vida del hombre de acci√≥n: ‚ÄúY el rebenque, con terrible y mon√≥tona violencia, cay√≥ sin tregua sobre la cabeza y la nuca de Korner, arranc√°ndole mechones sanguinolentos de pelos.‚ÄĚ (20)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En ‚ÄúLos cementerios belgas‚ÄĚ, no s√≥lo el contexto -la Primera Guerra Mundial- produce la fuerza de sugesti√≥n mencionada sino que el uso del tiempo presente en el centro del relato provoca un efecto de realidad que es complementado con la descripci√≥n concisa de la situaci√≥n reinante: ‚ÄúLos desgraciados, chorreando agua, muertos de fatiga, hambre y sue√Īo, se arrastran otra vez por la carretera, llenando consigo el estertor de las criaturas asfixiadas por la bronconeumon√≠a.‚ÄĚ (21)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En 1927, en el ‚ÄúDec√°logo del perfecto cuentista‚ÄĚ, Horacio Quiroga escribe: ‚ÄúToma los personajes de la mano y ll√©valos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo t√ļ lo que ellos no pueden o no les importa ver.‚ÄĚ (22)

 

            De esta manera nos brinda una condición básica para lograr la efectividad a la que aludíamos con anterioridad y nos demuestra la manera que él lo lleva a la práctica ya desde mucho antes.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Y Quiroga va m√°s all√°, crea su propio mundo imaginativo en el cual la cruda y concisa atm√≥sfera cumple un papel fundamental. Personajes parcos que apenas pronuncian unas pocas palabras, s√≥lo las necesarias, que ponen en la acci√≥n su fuerza, y cuyas angustias y conflictos son sugeridos antes que explicitados. El ambiente y los personajes son llevados al l√≠mite pero tambi√©n la tensi√≥n es extrema creando un entorno ‚Äėotro‚Äô. En ‚ÄúLos cazadores de ratas‚ÄĚ se dramatiza una superstici√≥n campesina: la de que las v√≠boras vuelven para vengarse al sitio en que se ha matado a su pareja.

           

            Y existen factores concretos que son utilizados como recurso para crear este mundo imaginativo. Es el agua un factor relevante en el desarrollo de los acontecimientos.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La lluvia copiosa que acosa a la caravana en ‚ÄúLos cementerios belgas‚ÄĚ y al hombre de ‚ÄúEl salvaje‚ÄĚ acompa√Īan los hechos creando una atm√≥sfera de aventura y supervivencia. Asimismo, el r√≠o adquiere una dimensi√≥n envolvente en la primera parte de ‚ÄúEl salvaje‚ÄĚ al oficiar de cuna, morada y tumba del dinosaurio. De la misma manera, en ‚ÄúUna bofetada‚ÄĚ es a lo largo del r√≠o Paran√° donde los sucesos ocurren.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Condiciones clim√°ticas extremas que no cesan, formas de la insistencia que se repiten. As√≠ tambi√©n, los personajes de Quiroga son reiterativos en sus acciones. ‚ÄúLa insistencia es clave en el mundo quiroguiano, es la forma m√°s acabada de la voluntad y es tambi√©n la fuerza que regula la producci√≥n de historias.‚ÄĚ (23)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Ya se ocupa todos los d√≠as el hombre de ‚ÄúEl salvaje‚ÄĚ de seguir a la familia de la que luego se apoderar√°: ‚ÄúQuince veces seguidas el merodeador se apoder√≥ de la comida ajena, sin que el hombre de la caverna notara el robo.‚ÄĚ (24)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Ya realiza Kean en ‚ÄúLa reina italiana‚ÄĚ, d√≠a tras d√≠a, su extra√Īo proyecto. Asimismo, en ‚ÄúLa voluntad‚ÄĚ, la mujer de Bibikoff no cesa de ocuparse de su trabajo en el monte a pesar de que su marido ya no estaba y de que estaba pronta su partida para encontrarse con √©ste: ‚ÄúMas no por eso dej√≥ durante su estada en lo de Allain, de preocuparse vivamente y atender su plantaci√≥n de tabaco.‚ÄĚ (25)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En ‚ÄúUna bofetada‚ÄĚ, el mens√ļ mantiene una constancia que dura a√Īos para vengarse de Korner y sostiene un largo camino a trav√©s de la selva aletargada en su acto a√ļn a costa de que la muerte del patr√≥n va a costarle su exilio a Brasil:

 

           

‚ÄúDurante cinco horas, kil√≥metro tras kil√≥metro, Korner sorbi√≥ hasta las heces la humillaci√≥n y el dolor de su situaci√≥n. Herido, ahogado, con fugitivos golpes de apoplej√≠a, en balde intent√≥ varias veces detenerse. El mens√ļ no dec√≠a una palabra, pero el l√°tigo ca√≠a de nuevo, y Korner caminaba.‚ÄĚ (26)

           

 

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† De esta manera se van perfilando las acciones hacia una frontera √ļltima. La insistencia funciona como clave para llevar las acciones al l√≠mite a√ļn al riesgo de rayar con el peligro y la muerte. Pero, en medio de una vor√°gine de progreso, en los lindes de una sociedad cada vez m√°s consumista que trastoca sus saberes y, por qu√© no, sus valores, le compete al arte, quiz√°s, salvaguardar la esencia de la vida.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Acaso por esto, en ‚ÄúEl sue√Īo‚ÄĚ se intente rescatar al salvaje que subyace bajo el hombre civilizado.

 

 

Conclusión

 

 

Sólo faltaba la noche de la eterna soledad.

Horacio Quiroga en Cartas de Quiroga a Martínez Estrada.

 

  

            Horacio Quiroga: trabajador por elección, personaje intenso, hombre de letras. La pasión que rigió su vida ofició como causa y efecto en su literatura. La vida de acción fue puesta al servicio de su escritura dejando huellas tanto en la estructura como en la temática de sus relatos.

 

            Es el ambiente un factor importante en su vida y en su obra y la atmósfera de El salvaje no escapa a esto. Factor condicionante que envuelve y condiciona la vida de los personajes pero no siempre por un juego del destino sino que, en muchas ocasiones, por una elección de vida que posee causas más profundas.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬†El car√°cter de los personajes se va forjando conforme al lugar que habitan y, al mismo tiempo, son condicionados por √©ste. Y as√≠ como en Los desterrados, aqu√≠ tambi√©n los personajes son desterrados de una situaci√≥n particular, ‚Äú√©l mismo se define como desterrado en una situaci√≥n singular, de ‚Äėefectos sorprendentes‚Äô. Y la situaci√≥n es siempre, en la literatura de Quiroga, ‚Äėexperiencia l√≠mite‚Äô del ambiente.‚ÄĚ (27)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El espacio influye en el car√°cter de los personajes y, al mismo tiempo, produce la sensaci√≥n de que no ten√≠a existencia antes de √©stos. Pero tambi√©n el tiempo condiciona en la medida en que permite una elecci√≥n sustentada en el deseo y act√ļa como agente externo sin influir en el car√°cter de los personajes.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Tiempo y espacio son condicionantes sustentando elecciones personales que llegan siempre hasta sus √ļltimas consecuencias limitando con el peligro. Y esto es llevado a destino a trav√©s de la pr√°ctica constante que no cesa hasta alcanzar el objetivo propuesto. Y es tambi√©n el l√≠mite al que es acarreado el ‚Äėsaber hacer‚Äô produciendo la vida intensa (28). En esta pr√°ctica importa menos el resultado que el proceso y el transcurrir de la vida est√° expresado en la supervivencia. ‚ÄúLa experiencia de los l√≠mites y los riesgos de la supervivencia hacen a la intensidad de la vida y de la obra.‚ÄĚ (29)

 

            Pero existe un referente mucho más profundo que oficia de conexión de todos estos relatos, que recubre gran parte de la obra quiroguiana así como su vida misma. La soledad.

           

Personajes solitarios, muchas veces inmersos en el desamparo, que van trazando los pilares de su vida desde la construcción misma de la práctica cotidiana.

    

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Y fue Quiroga, tambi√©n, un personaje solitario. Lo que no significa que fuese hura√Īo, sino que hab√≠a aprendido a valerse por s√≠ mismo y que su soledad era el resultado de toda una vida de desamparo y sufrimiento. Y de ello era conciente sin dejar de amar y sin dejar de valorar cada p√©rdida como algo insustituible: ‚ÄúVoy quedando tan, tan cortito de afectos e ilusiones, que cada uno de √©stos que me abandona se lleva verdaderos pedazos de vida.‚ÄĚ (30)

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Ambientes intensos y espacios verticales que determinan situaciones fronterizas. Espacio y tiempo logrando un complemento preciso. Objetivos claros adquiriendo importancia en el proceso mismo a trav√©s de la pr√°ctica. El extremo situacional haci√©ndose presente desde la vida intensa como manifestaci√≥n de los l√≠mites. Y la soledad, la sombr√≠a soledad atravesando los relatos y la vida misma de Horacio Quiroga. ‚ÄúEstaba solo, efectivamente, y su soledad era el resultado natural de las fuerzas centr√≠fugas y disolventes que arrojan al hombre superior allende las fronteras del √°mbito vital‚ÄĚ (31). Soledad que es, tambi√©n, una manifestaci√≥n de los l√≠mites y una elecci√≥n de vida. ‚ÄúSolo como un gato estoy‚ÄĚ (32) le escribe Quiroga a Mart√≠nez Estrada. Cabr√≠a preguntarse, ahora, hasta qu√© punto la elecci√≥n de vida y el deseo logran coincidir.¬†¬†

 

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Notas

 

(1) MART√ćNEZ ESTRADA, Ezequiel, El hermano Quiroga y cartas de Quiroga a Mart√≠nez Estrada, Montevideo, Arca Editorial, 1968, p. 56.

 

(2) √ćdem, pp. 54-55.

 

(3) AVARO, Nora, ‚ÄúEl relato de la ‚Äėvida intensa‚Äô en los ‚Äėcuentos de monte‚Äô de Horacio Quiroga, en Historia cr√≠tica de la Literatura Argentina, Buenos Aires, Emec√©, 2002, vol. 6, p. 185

 

(4) MART√ćNEZ ESTRADA, Op. Cit., p. 27.

 

(5) QUIROGA, Horacio, El salvaje, Buenos Aires, Editorial Losada, 1963,  p. 9.

 

(6) MART√ćNEZ ESTRADA, Op Cit,¬† p. 80.

 

(7) QUIROGA, Op. Cit., p. 12.

 

(8) La expresión es de Beatriz Sarlo.

 

(9) QUIROGA, Op. Cit., p. 55.

 

(10) SARLO, Beatriz, ‚ÄúHoracio Quiroga y la hip√≥tesis t√©cnico-cient√≠fica‚ÄĚ en La imaginaci√≥n t√©cnica. Sue√Īos modernos de la cultura argentina. Buenos Aires, Nueva Visi√≥n, 2004, p. 33.

 

(11) AVARO, Op. Cit., p. 185.

 

(12) SARLO, Op. Cit., pp. 30-31.

 

(13) QUIROGA, Op. Cit., pp. 60-61.

 

(14) AVARO, Op. Cit., p. 185.

 

(15) Nos dice el narrador: ‚Äú(‚Ķ) comprend√≠ que aquel mismo hombre hab√≠a vivido realmente, hac√≠a millones de a√Īos, lo que ahora s√≥lo hab√≠a sido un sue√Īo.‚ÄĚ En El salvaje, Op. Cit., p. 16.

 

(16) QUIROGA, Op. Cit. P. 29.

 

(17) MART√ćNEZ ESTRADA, Op. Cit., p. 74.

 

(18) QUIROGA, Op. Cit., p. 9.

 

(19) AVARO, Op. Cit.,  p. 192.

 

(20) QUIROGA, Op. Cit., p. 36.

 

(21) Id., p. 46.

 

(22) QUIROGA, Horacio, ‚ÄúDec√°logo del perfecto cuentista‚ÄĚ, en Los trucs del perfecto cuentista y otros escritos, Buenos Aires, Alianza, 1993.

 

(23) AVARO, Op. Cit., pp. 185-186.

 

(24) QUIROGA, El salvaje, Op. Cit., p. 25.

 

(25) √ćdem, p. 60.

 

(26) Id., p. 35.

 

(27) AVARO, Op. Cit., p. 195.

 

(28) Escribe Sarlo: ‚ÄúEl inter√©s ficcional reside en la comprobaci√≥n de sus l√≠mites y la resoluci√≥n de avanzar trabajando con la conciencia de que ellos existen como obst√°culo pero tambi√©n como impulso narrativo e ideol√≥gico.‚ÄĚ ¬†En La imaginaci√≥n t√©cnica, Op. Cit., p. 34.

 

(29) AVARO, Op. Cit., p. 179.

 

(30) QUIROGA, Op. Cit., p. 102.

 

(31) MART√ćNEZ ESTRADA, Op. Cit., p. 80.

 

(32) Op. Cit., p. 83.

 

 

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Bibliografía

 

AVARO, Nora (2002), ‚ÄúEl relato de la ‚Äėvida intensa‚Äô en los ‚Äėcuentos de monte‚Äô de Horacio Quiroga‚ÄĚ, en Historia cr√≠tica de la Literatura Argentina, Buenos Aires, Emec√©, vol. 6.

 

MART√ćNEZ ESTRADA, Ezequiel (1968), El hermano Quiroga y cartas de Quiroga a Mart√≠nez Estrada, Montevideo, Arca Editorial.

 

QUIROGA, Horacio (1963), El salvaje, Buenos Aires, Editorial Losada.

 

________________ (1993), Los trucs del perfecto cuentista y otros escritos, Buenos Aires, Alianza.

 

SARLO, Beatriz (2004), La imaginaci√≥n t√©cnica. Sue√Īos modernos de la cultura argentina. Buenos Aires, Nueva Visi√≥n.
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HologramŠtica Literaria es una Publicaciůn Acadťmica con Referato de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ
ISSN 1668-5024


Publicado con Lapacho ® Revistas Académicas 2.0